Si yo fuese un niño,
si yo fuese un niño, redondo, quieto y sumergido.
Sumergido, no; sacado a la luz, estallado hacia fuera,
exhibido en esa otra Creación donde un niño es un niño en su reino.
Pero si sumergido estuve antaño, bajo las aguas de la luz que eran cielo y sus ondas,
hoy no puedo sino decirlo, tomar nota, procurar explicarlo,
prohibiéndome al mismo tiempo la confusión de lo que veo con lo que fue y ha sido.
Todavía el hombre a veces intenta explicar un sueño, dibujando la presencia del amor,
el límite del corazón y su centro justísimo.
Aún intentar decir: «Amo, soy feliz; me conformo.»
Que es tanto como decir: «Soy real.» Pero cuando las hojas todas se han caído:
primero las flores, luego los mismos frutos, más tarde el humo, el halo
de persuasión que rodea a la copa como su mismo sueño
entonces no hay sino ver aparecer la verdad, el tronco último, el
despojado ramaje fino que ya no tiembla.
La desnudez suprema del árbol quedado
que finísimamente acaba en la casi imposible ramilla,
tronquito extremo sin variación de hoja,
superación sin música de la inquietante rueda de las estaciones.
Entonces llega el conocimiento, y allá dentro en el nudo del hombre,
si todavía existe un centro que tiene nombre y que yo no quiero mencionar;
si aún persiste y exige y golpea imperiosamente, porque nadie quiere morir,
puedes sonreír de buena gana, y burlarte, y mirándolo con desdén quiere morir,
decir con voz muy baja, de modo que todo el mundo te oiga:
"Amigo…: todo está consumado»".
Vicente Aleixandre - Consumación
En Consumación, Vicente Aleixandre contempla la existencia desde el instante en que sus adornos comienzan a desaparecer. El árbol, despojado primero de sus flores, luego de sus frutos y finalmente de sus hojas, se convierte en una imagen de la vida cuando el tiempo ha cumplido su tarea: aquello que parecía permanente revela su naturaleza pasajera. Hay en el poema una tensión entre el deseo de permanecer y la certeza de morir. El hombre intenta nombrar el amor, la felicidad y la realidad, como si las palabras pudieran detener aquello que inevitablemente se desvanece. Sin embargo, llega un momento en que toda explicación resulta insuficiente y solo queda contemplar la desnudez de lo esencial. La frase final, “todo está consumado”, adquiere entonces una profundidad particular: no expresa únicamente derrota, sino aceptación. Aleixandre parece sugerir que comprender la existencia implica reconocer también su límite, abrazar la fugacidad y descubrir, en ella, una forma inesperada de verdad.
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jueves, 30 de julio de 2026
Vicente Aleixandre - Consumación
Jorge Luis Borges - Cuaderno San Martín (1929)
Jorge Luis Borges - Cuaderno San Martín (1929)
Vida y muerte, dos caras de una mismo río. El tiempo es el verdadero protagonista: la muerte es el montón de instantes que ya vivimos (lo que ya fue, ya es "muerte" porque se ha vuelto fijo e inmutable). Y la vida, paradójicamente, es solo la cuota de muerte que todavía nos queda por recorrer.
Vivir no es más que ver cómo la muerte se pasea disfrazada de minutos. Es una invitación a dejar de temer al final y aceptar que existir es un proceso de acabarse mientras se disfruta.
Erich Fromm - El arte de amar (1956), capítulo VI (La práctica del amor)
Erich Fromm - El arte de amar (1956), capítulo VI (La práctica del amor)
El amor es un arte—y como tal, exige oficio. La disciplina no es una enemiga de la espontaneidad, sino su condición de posibilidad. Actuar solo cuando 'estamos de ánimo' es esclavizarse al capricho; el verdadero maestro, en cambio, elige la constancia incluso cuando la inspiración falta. El amor no se encuentra, se construye con hábitos, voluntad y responsabilidad. Frente a la cultura de lo inmediato, Fromm recupera la paciencia del artesano que pule su obra día tras día.
Fiódor Dostoievski, "Los hermanos Karamazov"
«El dolor más grande que una persona puede soportar no es el hambre, la pobreza o incluso la muerte, sino el amor en un mundo que no reconoce su amor: dar su corazón por completo y recibir sólo vacío y silencio a cambio.
Dentro de nosotros, llevamos una contradicción aterradora: buscamos el amor, pero le tememos; anhelamos la cercanía, pero huimos de él; adoramos al otro, pero dudamos de ellos».
Fiódor Dostoievski, "Los hermanos Karamazov"
William Faulkner (1897-1962) - Premio Nobel de Literatura - The Sound and the Fury (1929)
William Faulkner (1897-1962) - Premio Nobel de Literatura - The Sound and the Fury (1929)
"A man is the sum of his misfortunes. One day you'd think misfortune would get tired, but then time is your misfortune".
La cita aparece en el monólogo interior de Quentin Compson, el 2 de junio de 1910. Quentin rememora las palabras de su padre, un hombre cínico y nihilista que sostenía que la vida carece de significado y que todo acto humano es en vano.
Somos lo que nos duele. Nuestra identidad se construye sobre el sufrimiento acumulado, y la esperanza de que “ya pasará” es una ilusión porque dolor no se agota con el tiempo. El tiempo es la herida y estamos condenados a vivir en un flujo imparable que nos arrastra sin remedio.
El tiempo no redime, nos define y nos aprisiona. No hay escape.
Erich Fromm, The Sane Society
The danger of the future is that men may become robots. True enough, robots do not rebel. But given man’s nature, robots cannot live and remain sane, they become “Golems,” they will destroy their world and themselves because they cannot stand any longer the boredom of a meaningless life.
Erich Fromm, The Sane Society
J. W. Goethe - Maximen und Reflexionen (Máximas y reflexiones)
J. W. Goethe - Maximen und Reflexionen (Máximas y reflexiones), edición de Max Hecker, 1907.
"Sin embargo, cada uno oye lo que entiende."
Esta máxima explica por qué dos personas pueden escuchar exactamente las mismas palabras y salir con conclusiones opuestas. Nuestros prejuicios, educación y experiencias previas actúan como un filtro: solo captamos aquello para lo que nuestro cerebro ya tiene un "gancho" conceptual. Si quieres ser entendido, no basta con hablar claro; el otro necesita estar preparado para oírte.
No oímos la realidad objetiva, sino el eco de lo que ya sabemos, creemos o tememos. La verdadera comunicación no depende solo de quien habla, sino de la capacidad interior de quien escucha. En el fondo, cuando alguien nos habla, siempre estamos dialogando con nosotros mismos.