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jueves, 26 de marzo de 2026

Volcano - Derek Walcott

VOLCANO
Joyce was afraid of thunder,
but lions roared at his funeral
from the Zurich zoo.
Was it Zurich or Trieste?
No matter. These are legends, as much
as the death of Joyce is a legend,
or the strong rumour that Conrad
is dead, and that Victory is ironic.
On the edge of the night-horizon
from this beach house on the cliffs
there are now, till dawn,
two glares from the miles-out-
at-sea derricks; they are like
the glow of the cigar
and the glow of the volcano
at Victory’s end.
One could abandon writing
for the slow-burning signals
of the great, to be, instead,
their ideal reader, ruminative,
voracious, making the love of masterpieces
superior to attempting
to repeat or outdo them,
and be the greatest reader in the world.
At least it requires awe,
which has been lost to our time;
so many people have seen everything,
so many people can predict,
so many refuse to enter the silence
of victory, the indolence
that burns at the core,
so many are no more than
erect ash, like the cigar,
so many take thunder for granted.
How common is the lightning,
how lost the leviathans
we no longer look for!
There were giants in those days.
In those days they made good cigars.
I must read more carefully.

Notas sobre el arte de escribir - Clarice Lispector

 Notas sobre el arte de escribir - Clarice Lispector:


«Escribir es una maldición que salva. Es una maldición porque obliga y arrastra, como un vicio penoso del cual es imposible librarse. Y es una salvación porque salva el día que se vive y que nunca se entiende a menos que se escriba.
¿El proceso de escribir es difícil? Es como llamar difícil al modo extremadamente prolijo y natural con que es hecha una flor.
No puedo escribir mientras estoy ansiosa, porque hago todo lo posible para que las horas pasen. Escribir es prolongar el tiempo, dividirlo en partículas de segundos, dando a cada una de ellas una vida insustituible.
Escribir es usar la palabra como carnada, para pescar lo que no es palabra. Cuando esa no-palabra, la entrelínea, muerde la carnada, algo se escribió. Una vez que se pescó la entrelínea, con alivio se puede echar afuera la palabra».

Entrevista al poeta Dylan Thomas

 Entrevista al poeta Dylan Thomas, realizada por Vernon Watkins en Nueva York en 1953.


Vernon: Señor Thomas, permítame ir al grano: usted es el poeta de la villanelle magnífica “Do not go gentle into that good night”, de los patrones silábicos tan precisos en “Fern Hill”, de las rimas internas que resuenan como campanas en “And death shall have no dominion”… ¿Por qué, entonces, dedica ahora tanta energía a defender el verso libre? ¿No es eso una traición a su propio oficio?


Dylan:  ¡Traición! Qué palabra tan deliciosa y dramática. Me encanta. Pero no, muchacho, no traiciono nada. Simplemente amplío el pub. Mira: yo no escribo poesía para casarme con una métrica. La métrica, la rima, el conteo de sílabas… todo eso son herramientas, buenas herramientas, excelentes incluso. Las uso porque me divierten, porque me obligan a apretar el tornillo hasta que la madera canta. ¿Has intentado meter un elefante borracho en un corsé victoriano? Eso es escribir una villanelle. Es glorioso. Pero no es la única forma de bailar.
Vernon: Sin embargo, casi toda su poesía publicada está medida, rimada, tallada…
Dylan: ¡Casi! Exacto: casi. Pero en mis cuadernos hay cientos de líneas que nunca vieron la luz porque no encajaban en el corsé. Las llamé alguna vez “mainly free verse poems”. ¿Sabes por qué? Porque a veces la emoción no quiere caminar en iambos perfectos. A veces quiere tropezar, correr, caer de bruces en el barro y levantarse riendo. El verso libre no es pereza; es valentía. Es decir: “No voy a dejar que el metro me diga dónde termina el sentimiento”.
Mira, yo amo el ritmo. Amo tanto el ritmo que a veces lo rompo a propósito para que se note lo fuerte que late debajo. Cuando uso métrica estricta es porque quiero que el lector sienta la jaula y luego el deseo de romperla. Pero cuando dejo ir el verso, cuando dejo que las palabras respiren sin corsé, entonces el poema puede ser tan salvaje como el mar de Gales en noviembre. No hay reglas que lo contengan, solo el pulso de la sangre y el aliento.
Vernon: ¿Entonces rechaza la tradición?
Dylan: ¡Rechazarla! No, la devoro. Me trago a Shakespeare, a Donne, a Hopkins y a los cywyddau galeses enteros, y luego escupo lo que necesito. La tradición no es una cárcel; es una despensa enorme. Elijo la métrica cuando quiero precisión quirúrgica, cuando quiero que cada sílaba pese como plomo y oro al mismo tiempo. Pero elijo el verso libre cuando quiero que el poema sea un grito, un jadeo, un torrente de imágenes que no acepta ser domesticado.
¿Crees que “Under Milk Wood” habría sido mejor si cada voz hablara en pentámetros? No. Necesitaba hablar como la gente habla cuando sueña despierta: desordenado, musical, libre. El verso libre no es ausencia de forma; es forma secreta. Es el ritmo del corazón cuando nadie lo está mirando.


Vernon:  Pero muchos dicen que el verso libre es simplemente prosa con saltos de línea.


Dylan: ¡Prosa con saltos de línea! Qué definición tan encantadora y tan equivocada. La prosa camina; la poesía baila, aunque sea cojeando. El verso libre es baile sin coreografía previa. Puede caerse, puede girar como loco, puede quedarse quieto mirando al abismo… pero siempre hay música. Si no la oyes, es que estás sordo, no que el poema sea sordo.
Yo he escrito miles de líneas rimadas y medidas porque me encanta el desafío, porque me obliga a encontrar palabras que no sabía que existían. Pero también he escrito líneas que simplemente caen como gotas de lluvia en un tejado de zinc, porque a veces la lluvia no pide permiso para caer en pentámetros.


Vernon: Entonces, ¿cuál es su consejo final para un poeta joven?


Dylan: Usa todo. Roba todo. Rompe todo. Ama la métrica hasta que te duela, y luego ábrele la puerta al verso libre para que entre el viento. La poesía no vive en las reglas; vive en el momento en que las reglas se olvidan porque la emoción las ha sobrepasado. Y si alguien te dice que eso es desorden, dile que el desorden es el primer paso del universo para convertirse en canción.
¡Salud por el verso que no se deja atrapar!


Vernon: Salud, señor Thomas.

Me moriré en París con aguacero - César Vallejo

Me moriré en París con aguacero,
un día del cual tengo ya el recuerdo.
Me moriré en París -y no me corro-
tal vez un jueves, como es hoy, de otoño.

Jueves será, porque hoy, jueves, que proso
estos versos, los húmeros me he puesto
a la mala y, jamás como hoy, me he vuelto,
con todo mi camino, a verme solo.

César Vallejo ha muerto, le pegaban
todos sin que él les haga nada;
le daban duro con un palo y duro

también con una soga; son testigos
los días jueves y los huesos húmeros,
la soledad, la lluvia, los caminos.

César Vallejo | Me moriré en París con aguacero

La poesía destruye al hombre - Leopoldo María Panero

La poesía destruye al hombre
mientras los monos saltan de rama en rama
buscándose en vano a sí mismos
en el sacrílego bosque de la vida
las palabras destruyen al hombre
¡y las mujeres devoran cráneos con tanta hambre
de vida!
Sólo es hermoso el pájaro cuando muere
destruido por la poesía.

Leopoldo María Panero | La poesía destruye al hombre