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jueves, 26 de marzo de 2026

Entrevista al poeta Dylan Thomas

 Entrevista al poeta Dylan Thomas, realizada por Vernon Watkins en Nueva York en 1953.


Vernon: Señor Thomas, permítame ir al grano: usted es el poeta de la villanelle magnífica “Do not go gentle into that good night”, de los patrones silábicos tan precisos en “Fern Hill”, de las rimas internas que resuenan como campanas en “And death shall have no dominion”… ¿Por qué, entonces, dedica ahora tanta energía a defender el verso libre? ¿No es eso una traición a su propio oficio?


Dylan:  ¡Traición! Qué palabra tan deliciosa y dramática. Me encanta. Pero no, muchacho, no traiciono nada. Simplemente amplío el pub. Mira: yo no escribo poesía para casarme con una métrica. La métrica, la rima, el conteo de sílabas… todo eso son herramientas, buenas herramientas, excelentes incluso. Las uso porque me divierten, porque me obligan a apretar el tornillo hasta que la madera canta. ¿Has intentado meter un elefante borracho en un corsé victoriano? Eso es escribir una villanelle. Es glorioso. Pero no es la única forma de bailar.
Vernon: Sin embargo, casi toda su poesía publicada está medida, rimada, tallada…
Dylan: ¡Casi! Exacto: casi. Pero en mis cuadernos hay cientos de líneas que nunca vieron la luz porque no encajaban en el corsé. Las llamé alguna vez “mainly free verse poems”. ¿Sabes por qué? Porque a veces la emoción no quiere caminar en iambos perfectos. A veces quiere tropezar, correr, caer de bruces en el barro y levantarse riendo. El verso libre no es pereza; es valentía. Es decir: “No voy a dejar que el metro me diga dónde termina el sentimiento”.
Mira, yo amo el ritmo. Amo tanto el ritmo que a veces lo rompo a propósito para que se note lo fuerte que late debajo. Cuando uso métrica estricta es porque quiero que el lector sienta la jaula y luego el deseo de romperla. Pero cuando dejo ir el verso, cuando dejo que las palabras respiren sin corsé, entonces el poema puede ser tan salvaje como el mar de Gales en noviembre. No hay reglas que lo contengan, solo el pulso de la sangre y el aliento.
Vernon: ¿Entonces rechaza la tradición?
Dylan: ¡Rechazarla! No, la devoro. Me trago a Shakespeare, a Donne, a Hopkins y a los cywyddau galeses enteros, y luego escupo lo que necesito. La tradición no es una cárcel; es una despensa enorme. Elijo la métrica cuando quiero precisión quirúrgica, cuando quiero que cada sílaba pese como plomo y oro al mismo tiempo. Pero elijo el verso libre cuando quiero que el poema sea un grito, un jadeo, un torrente de imágenes que no acepta ser domesticado.
¿Crees que “Under Milk Wood” habría sido mejor si cada voz hablara en pentámetros? No. Necesitaba hablar como la gente habla cuando sueña despierta: desordenado, musical, libre. El verso libre no es ausencia de forma; es forma secreta. Es el ritmo del corazón cuando nadie lo está mirando.


Vernon:  Pero muchos dicen que el verso libre es simplemente prosa con saltos de línea.


Dylan: ¡Prosa con saltos de línea! Qué definición tan encantadora y tan equivocada. La prosa camina; la poesía baila, aunque sea cojeando. El verso libre es baile sin coreografía previa. Puede caerse, puede girar como loco, puede quedarse quieto mirando al abismo… pero siempre hay música. Si no la oyes, es que estás sordo, no que el poema sea sordo.
Yo he escrito miles de líneas rimadas y medidas porque me encanta el desafío, porque me obliga a encontrar palabras que no sabía que existían. Pero también he escrito líneas que simplemente caen como gotas de lluvia en un tejado de zinc, porque a veces la lluvia no pide permiso para caer en pentámetros.


Vernon: Entonces, ¿cuál es su consejo final para un poeta joven?


Dylan: Usa todo. Roba todo. Rompe todo. Ama la métrica hasta que te duela, y luego ábrele la puerta al verso libre para que entre el viento. La poesía no vive en las reglas; vive en el momento en que las reglas se olvidan porque la emoción las ha sobrepasado. Y si alguien te dice que eso es desorden, dile que el desorden es el primer paso del universo para convertirse en canción.
¡Salud por el verso que no se deja atrapar!


Vernon: Salud, señor Thomas.

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