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jueves, 30 de julio de 2026

Vicente Aleixandre - Consumación

Si yo fuese un niño,
si yo fuese un niño, redondo, quieto y sumergido.
Sumergido, no; sacado a la luz, estallado hacia fuera,
exhibido en esa otra Creación donde un niño es un niño en su reino.
Pero si sumergido estuve antaño, bajo las aguas de la luz que eran cielo y sus ondas,
hoy no puedo sino decirlo, tomar nota, procurar explicarlo,
prohibiéndome al mismo tiempo la confusión de lo que veo con lo que fue y ha sido.
Todavía el hombre a veces intenta explicar un sueño, dibujando la presencia del amor,
el límite del corazón y su centro justísimo.
Aún intentar decir: «Amo, soy feliz; me conformo.»
Que es tanto como decir: «Soy real.» Pero cuando las hojas todas se han caído:
primero las flores, luego los mismos frutos, más tarde el humo, el halo
de persuasión que rodea a la copa como su mismo sueño
entonces no hay sino ver aparecer la verdad, el tronco último, el
despojado ramaje fino que ya no tiembla.
La desnudez suprema del árbol quedado
que finísimamente acaba en la casi imposible ramilla,
tronquito extremo sin variación de hoja,
superación sin música de la inquietante rueda de las estaciones.
Entonces llega el conocimiento, y allá dentro en el nudo del hombre,
si todavía existe un centro que tiene nombre y que yo no quiero mencionar;
si aún persiste y exige y golpea imperiosamente, porque nadie quiere morir,
puedes sonreír de buena gana, y burlarte, y mirándolo con desdén quiere morir,
decir con voz muy baja, de modo que todo el mundo te oiga:
"Amigo…: todo está consumado»".

Vicente Aleixandre - Consumación

En Consumación, Vicente Aleixandre contempla la existencia desde el instante en que sus adornos comienzan a desaparecer. El árbol, despojado primero de sus flores, luego de sus frutos y finalmente de sus hojas, se convierte en una imagen de la vida cuando el tiempo ha cumplido su tarea: aquello que parecía permanente revela su naturaleza pasajera. Hay en el poema una tensión entre el deseo de permanecer y la certeza de morir. El hombre intenta nombrar el amor, la felicidad y la realidad, como si las palabras pudieran detener aquello que inevitablemente se desvanece. Sin embargo, llega un momento en que toda explicación resulta insuficiente y solo queda contemplar la desnudez de lo esencial. La frase final, “todo está consumado”, adquiere entonces una profundidad particular: no expresa únicamente derrota, sino aceptación. Aleixandre parece sugerir que comprender la existencia implica reconocer también su límite, abrazar la fugacidad y descubrir, en ella, una forma inesperada de verdad.

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